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La obra de Truffaut demostró una sorprendente facilidad narrativa y
forjó un singular mosaico de imágenes sobreviviendo a la controversia entre
la idea y la emoción.
François Truffaut nació en París el 6 de febrero de
1932. Era hijo único del matrimonio formado por Roland Truffaut, delineante,
y Jeanine de Montferrand, secretaria de L’Ilustration, y se crió con
su abuela hasta los ocho años, edad a la que su madre y su nuevo padrastro
se hicieron cargo de él, aunque no de muy buena gana. Estudió en la escuela
de la rue Clauzel y en el liceo Rollin, aunque nunca fue un alumno ejemplar.
A partir de 1939, el joven François, lector apasionado, también se pasaba la
vida en el cine, a veces durante las horas en las que debería estar en
clase. Todo esto aparece reflejado en "Los 400 golpes" (1959), la
historia de un muchacho incomprendido y maltratado por sus padres y
profesores, así como por la policía.
En 1946
empezó a trabajar como mozo de almacén, aunque el trabajo no le duró mucho
tiempo. Con la indemnización del despido, funda en 1947 el cine-club
Cercle Cinémane, en el barrio Latino. Más o menos por esta época conoció
al crítico cinematográfico y redactor-jefe de Cahiers du Cinéma,
André Bazin: un encuentro crucial que habría de llevarle a ejercer la
crítica cinematográfica en publicaciones como Travail et Culture,
La Gazette du Cinéma y Elle. Vivió momentáneamente en el hogar de
su protector, hasta que un desengaño amoroso le llevó a enrolarse en el
ejército siendo destinado en un regimiento de artillería en el norte de
Alemania. Pero durante el primer permiso abandonó la disciplina castrense
para asistir al cine, fue detenido y arrestado en la Prisión Militar de
Coblence. Bazin intercedió ante las autoridades castrenses que decidieron
darle de baja, alegando “inestabilidad de carácter”.
A partir de
1953 trabajó en el servicio cinematográfico del Ministerio de Agricultura y
comenzó a escribir en Cahiers du Cinéma, Arts, Le
Parisienne, Cinémonde y Les temps de Paris. En 1954 rodó
su primer cortometraje "Une visite" y escribió el primer borrador de Al final de la escapada, En los años siguientes, trabajó como ayudante
de Roberto Rossellini en tres proyectos que no llegaron nunca a buen puerto,
publicó un cuento titulado Antoine et L’Orpheline (antecedente de Los 400 golpes) y realizó –junto a Chabrol – su primera entrevista a
Alfred Hitchcock. En 1957 fundó la productora Les Films du
Carrosse (como homenaje a La Carrose d’or, de Jean Renoir) para
la que rodó su segundo cortometraje, Les Mistons. En agosto de ese
año contrajo matrimonio con Madeleine Morgesten, de la cual tuvo dos hijas,
Laura y Eva, siendo sus padrinos de boda Bazin y Rossellini.
Después de
filmar en 1958, junto a Jean-Luc Godard, su tercer y último cortometraje, Une histoire d’eau, a los 27 años de edad, Truffaut rodó su primer
largometraje, Los 400 golpes. Su actividad era ciertamente febril:
entre 1959 y 1965 dirigió Tirad sobre el pianista (1960), Jules y
Jim (1961), el episodio Antoine et Colette de la película El
amor a los veinte años (1962) y La piel suave (1964); escribió
guiones de A bout de soufflé (1959, de Godard), Tire-au-flanc
(1962, de Claude de Givray, en la que también intervino como actor), Une
grosse tete (1963, de Givray) y Mata-Hari, Agent H-21 (1965, de
Jean-Louis Richard); y produjo Paris nous appartient (1959, de
Jacques Rivette), Le testament d’Orphee (1959, de Jean Cocteau), las
ya mencionadas Tire-au-flanc y Mata Hari, agente secreo y los
cortometrajes Le scarabee d’or (1960, de Robert Lachenay), Anna la
bonne (1961, de Claude Jutra), La fin du voyage (1961, de Michel
Varesano), Vie d’insectes (1962, de Jean-Claude Roche) y
Les voix
d’Orly (1964, de Robert Lachenay).
Revalidando, en cierto
sentido, su propia teoría de que un cineasta se expresa con mayor plenitud e
intensidad en sus tres primeras películas, y luego se limita a reelaborar
esos mismos temas y preocupaciones hasta el infinito, la filmografía de
Truffaut desde mediados de los 60ª hasta el final vuelve a insistir y a
desarrollar al máximo, quizá de manera más sutil, inteligente y sensible y
en un todo siempre agridulce, algunas de las ideas clave ya presentes en sus
primeras obras: la inocencia y la pureza de la niñez y la adolescencia; la
fugacidad de la felicidad; la intimidad del ser humano; la importancia de
las mujeres, objeto sexual idealizado y por tanto deseable; la soledad... el
más completo y fascinante amor a la vida y al cine. Desde Fahrenheit 451
(1966) hasta Vivamente el domingo (1983), la obra de Truffaut
demostró una sorprendente facilidad narrativa y forjó un singular mosaico de
imágenes sobreviviendo a la controversia entre la idea y la emoción. Elaboró
sus films en dos direcciones principales, las que apuntan a las situaciones
(Hitchcock) y las que enuncian a los personajes (Renoir), consiguiendo en
muchas ocasiones una simbiosis aparentemente imposible entre ambas.
Entre las muchas
películas rodadas por Truffaut a lo largo de su carrera, cabría destacar en
primer lugar la serie en la que aparece el personaje de Antoine Doinel,
interpretado por el actor Jean-Pierre Léaud, que se convirtió en
actor-fetiche y en el alter-ego del propio realizador. Esta serie, que se
inició con Los 400 golpes, seguiría hasta El amor en fuga (1978),
pasando por un episodio de El amor a los 20 años, Besos robados
(1968) y Domicilio conyugal (1970).
Evidentemente, en el universo de Truffaut predomina la soledad: a pesar de
los intentos de quienes lo pueblan por encontrar sustituto de familias, de
la abundancia de personajes cálidos y humanos que los rodean, en los
momentos cruciales de sus vidas, la mayoría de los personajes de sus
películas más celebradas – como Jules y Jim (1961), La piel suave
(1964), El pequeño salvaje (1969), Las dos inglesas y el amor
(1971), La noche americana (1973), Diario íntimo de Adele H.
(1975), La piel dura (1976), El amante de amor (1977), La
habitación verde (1978), El último metro (1980) y La mujer de
al lado (1981) - se quedan solos o eligen voluntariamente la soledad.
Lector apasionado de
novelas policíacas, Truffaut siempre buscó en ellas un material que se
aproximara a su concepción de los protagonistas como seres obcecados,
idealistas, abocados a una pasión que les hace extremadamente vulnerables.
Consideradas por algunos críticos como obras menores o películas de
transición en la filmografía del realizador francés, son, sin embargo, un
punto importante de la misma que nos permite formar una imagen global y no
una visión fragmentaria, hecha de brillantes retazos, de un cineasta
romántico y personal, propenso a rodar films de diferentes tonos, incluso
géneros distintos dentro de un aparente y perpetuo espíritu de
contradicción, pero que en su conjunto son una genuina didáctica de la vida
cotidiana.
Ganador en
1973 de un Oscar a la “Mejor película de habla no inglesa” por La noche
americana y de ¡diez! Premios César concedidos por la Academia de Cine
Francés a El último metro, nombrado Presidente de la Federación
Internacional de Cine-Clubs en octubre de 1977, compaginó y complementó su
labor como director con las tareas de productor – aparte de las cintas ya
mencionadas, produjo Deux ou tríos coses que je sais d’elle (Jean-Luc
Godard, 1968), L’enfance nue (Maurice Pialat, 1968), Ma nuit chez
Maud (Eric Rohmer, 1969), La faute de l’abbe Mouret (Georges
Franju, 1970), Les lolos de Lola (Bernard Dubois, 1976), Ce gamin-la
(Renaud Victor, 1977) y Le beau mariage (Erioc Rohmer, 1982) –,
guionista y actor, interviniendo en siete películas propias y, entre otras,
en la popular Encuentros en la Tercera fase de Steven Spielberg
(1977).
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